Contexto de la crisis financiera global
La globalización ha aportado ventajas significativas a lo largo de las últimas décadas. Los consumidores tienen una selección más amplia de bienes y servicios, los precios han bajado, la productividad ha aumentado y se ha sacado a millones de personas de la pobreza. Sin embargo, la globalización también entraña cuestiones como el cambio climático, el crecimiento desigual y la exposición generalizada a las crisis financieras.
El aumento de la integración financiera global ha permitido flujos financieros sin precedentes. Las empresas cada vez más pueden acceder a capital de todo el mundo. Los inversores ya no están limitados a invertir en mercados interiores.
Los Estados Unidos y algunos países europeos respondieron al aumento significativo de la mano de obra mundial (a medida que los grandes mercados emergentes se fueron integrando en la economía global) con un aumento de consumo y de la inversión. Por consiguiente, surgieron grandes déficits por cuenta corriente, financiados por deuda externa. Al mismo tiempo, a medida que expandían las economías asiáticas, dichas economías ahorraron más de lo invertido internamente y, junto con las estrategias de crecimiento lideradas por la exportación, generaron un superávit que se invirtieron en el extranjero.
La búsqueda de rendimiento
La entrada de China, India y otros países emergentes en el sistema comercial global aumentó la oferta global de mano de obra, un comercio mundial creciente y oferta de bienes de bajo precio. Este cambio tuvo un poderoso efecto desinflacionario.
La baja inflación, junto con flujos financieros sin precedentes, ayudó a contribuir a tipos de interés bajos en todo el mundo y empujaron a la baja los rendimientos de los activos tradicionales. A medida que caían los rendimientos de una serie de activos, los bancos buscaron nuevas formas de aumentar sus rendimientos: la “búsqueda de rendimiento”. Esta búsqueda provocó una ola de innovación financiera.
En lugar de confiar en los tradicionales depósitos minoristas, los bancos recurrieron cada vez más a los mercados monetarios mayoristas para obtener recursos económicos. Se produjo un aumento impresionante en el uso de formas complejas de titulización, en las que los créditos se empaquetan y venden a terceros.
Estas nuevas formas de trabajar relajaron los límites tradicionales en los balances de los bancos. Los bancos tenían menos incentivos para aplicar comprobaciones crediticias estrictas a las personas que solicitaban créditos. Por consiguiente, los bancos pudieron aumentar significativamente los volúmenes de crédito. El apalancamiento—el ratio de créditos frente a capital—aumentó vertiginosamente.
Además, los bancos—en su búsqueda de rendimientos más elevados—comenzaron a negociar y mantener estos productos estructurados fuera de su balance, liberando de este modo el capital para que pudieran seguir aumentando los créditos.
Impacto de la innovación financiera
El aumento en los niveles de crédito y titulización dejó a los bancos expuestos a medida que se desenvolvía la crisis. La titulización compleja redujo la transparencia. Los bancos se preocupaban menos por riesgo crediticio dado que posteriormente se vendían los créditos a terceros. Las agencias externas de calificación crediticia—en las que los inversores cada vez confiaban más—tuvieron poco o nada en cuenta los acontecimientos de baja probabilidad y gran impacto.
Dos tercios del crecimiento crediticio a lo largo de la última década estaban dentro del sistema financiero, en lugar de en la economía en general. Asimismo, parece evidente que la estructura salarial de los bancos fomentó la generación de ingresos a corto plazo, con poca consideración por los riesgos a mayor plazo que esto podía crear. Esto se combinó con la exuberancia excesiva por perpetuar los riesgos, con un coste para los consumidores y para la resistencia del sistema en general. Combinándose con las estrictas condiciones impuestas a los bancos que reciben ayudas del Gobierno, el Reino Unido ha estipulado una revisión del gobierno corporativo de los bancos para que se aprendan las lecciones de estos acontecimientos.
Los reguladores de todo el mundo no habían tenido plenamente en cuenta la innovación financiera y el aumento en los instrumentos excluidos del balance. Se prestó insuficiente atención a los riesgos de liquidez provocados por aumento en la dependencia de la financiación mayorista. El aumento de operaciones entre bancos dejó al sistema excesivamente apalancado, más interdependiente y, por consiguiente, menos resistente a los choques. Estos riesgos sistémicos tienen implicaciones significativas, y demuestran la necesidad de una mayor coordinación internacional.
En general, podría decirse que el marco normativo se había vuelto “pro-cíclico”, alentando el crédito excesivo en época de vacas gordas. El Gobierno del Reino Unido ha pedido a Lord Turner que considere qué reformas deben efectuarse al reglamento financiero.
Siguiente: La respuesta del Reino Unido >>